5/2/13

Salmo de nosotras, las buenas.


Salmo de nosotras, las buenas.

Nos creíamos buenas.
Sí, somos buenas porque de las 24 horas del día
nos dedicamos una hora y un poquito más a rezar,
o mejor dicho, a repetir los salmos del Oficio Divino.
No somos como aquella mujer,
que no reza, porque no sabe leer,
pero le ora al Dios vivo en su día a día.

Nos creíamos buenas.
Sí, somos buenas porque hacemos caridad,
vistiendo al desnudo y alimentando al hambriento.
No somos como aquella señora del barrio,
que entrega su corazón a tiempo completo
y abraza con sus entrañas
al más pobre de los pobres.

Nos creíamos buenas.
Sí, somos buenas porque amamos a todos,
sin entrar en lo más profundo de ese “todos”
para que nuestro corazón indiviso no se apegue.
No somos como el niño
que expresa sus sentimientos con espontaneidad
y se atreve a llorar por aquellos que ama.

Nos creíamos buenas.
Sí, somos buenas porque vivimos en pobreza,
vistiendo harapos que cubre la riqueza de nuestro ser.
No somos como los pobres de nuestros barrios
que descubren a la luz del Evangelio su pobreza interior.

Nos creíamos buenas.
Sí, somos buenas porque hemos renunciado a un matrimonio para dar vida y tener como centro a Jesús.
No somos como aquella madre que con sus detalles
da vida a sus hijos y se deja seducir
entrando en sintonía con su propio pozo-ser.

Nos creíamos buenas.
Sí, somos buenas porque construimos grandes obras,
pero nuestra denuncia es pequeña y no se hace sentir.
No somos como aquellos que son perseguidos
 al decir Justicia y mueren al levantar
sus gritos de Liberación.

Nos creíamos buenas.
Sí, somos buenas porque vivimos en Fraternidad
y tenemos en común las horas de comida
y el carro cuando salimos.
No somos como la comunidad de pobres
que lo común parte de las diferencias de todos
y del don de cada uno.

Nos creíamos buenas.
Sí, somos  buenas porque hacemos todo lo bueno...

Julio, 2001

No hay comentarios:

Publicar un comentario